Trastornos de sueño en los niños y nuevas tecnologías

 Mucha gente se pregunta si es cierto que las nuevas tecnologías son las culpables de los trastornos de sueño que sufren en la actualidad muchos niños, intentaremos dar luz al tema en este articulo.

Los niños cada vez sufren de mayores problemas de sueño. En España, el IIS (Instituto de Investigaciones del Sueño) estima que el 25-30% de las visitas al pediatra están relacionadas con algún problema ligado al sueño. Pero no es un problema sólo de nuestro país sino que estos problemas son generalizados. Según estadísticas del Servicio Nacional de Salud de Inglaterra (NHS England), las atenciones hospitalarias por trastornos del sueño en niños menores de 14 años se han multiplicado por 3 en los últimos 10 años.

Las consecuencias pueden ser tan importantes en el día a día del niño que pueden llevar confundir el comportamiento inquieto y disruptivo causado por la falta de sueño (y, por tanto, de descanso) con problemas de tipo neurológico como el TDAH (popularmente conocido como hiperactividad) que requieren un abordaje completamente distinto.

También existe una correlación, cuya causa no se comprende totalmente todavía, entre la falta de sueño y la obesidad. Entre otras hipótesis se ha propuesto que el equilibrio de dos hormonas (leptina y grelina), destinadas a indicarle al cerebro la saciedad y el hambre está alterado en personas que no duermen lo suficiente y les puede provocar que ingieran más alimento del necesario para las necesidades diarias.

Estos trastornos del sueño no sólo afectan a la salud sino que también reducen rendimiento escolar de los niños. Según un estudio internacional realizado por profesores de Matemáticas, la enseñanza se vio limitada entre “Algo” y “Mucho” para el 47% de los alumnos de 4º grado y para el 57% de los de 8º grado, en promedio. Para España las cifras son algo mejores, con un 38% en 4º grado, aunque no se proporciona el dato para los niños que cursan 8º grado. Y esto se traduce en menores puntuaciones habilidades matemáticas según pruebas normalizadas.

Y esta limitación se produce en el funcionamiento intelectual general de los niños. Según otro estudio, quitar una hora de sueño o añadirla respecto al tiempo que un grupo de niños solía dormir modificaba significativamente las habilidades cognitivas que muestran los niños (memoria de trabajo, atención), disminuyendo cuando se reduce el sueño y aumentando en el caso contrario.

Que los niños de 8º tengan más problemas de aprendizaje comparados con los de 4º grado puede dar una pista sobre las causas de estos problemas: La utilización de las tecnologías se hace cada vez más frecuente conforme los niños crecen y roban horas de sueño, además de empeorar la calidad del mismo. Y no es una cuestión de tecnofobia: existen investigaciones que relacionan la luz azulada de las pantallas de los dispositivos móviles con la inhibición en la producción de la melatonina u “hormona del sueño”.

Según los expertos, la solución pasa generalmente por intervenciones de reeducación conductual que permitan establecer una adecuada higiene del sueño, aunque bajo supervisión médica se puede recurrir de manera transitorio a medicamentos como la melatonina sintética, siguiendo el consenso sobre su uso alcanzado en 2014.

¿Qué hacer para que nuestros niños y niñas descansen? La ONG Children’s Sleep Charity aconseja:

  1. Evitar los snacks azucarados y la cafeína, en particular a la hora de la cena.
  2. Hacer que el ambiente del dormitorio sea tranquilo y que invite al sueño
  3. Crear una rutina diaria para irse a dormir
  4. Si el baño relaja al niño, bañarlo unos 30 minutos antes de irse a dormir para que la temperatura corporal suba y baje para inducir el sueño.
  5. Eliminar la actividad con pantallas la hora anterior a irse a la cama: ni tele, ni ordenador, ni tablet ni teléfono.
  6. Realizar actividades de coordinación mano-ojo (colorear, hacer puzzles) ayudan al cerebro a desacelerar antes de dormir.
  7. Establecer una hora fija para levantarse, incluso en fin de semana.
  8. Asociar una señal a la hora de levantarse (una luz con un temporizador, por ejemplo) de forma que puedan recibir el mensaje opuesto a la hora de irse a dormir (la luz se apaga)

 

 

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